
¿A qué padre no le ha pasado que su hijo le monte 'una escenita' en un sitio público o en casa cuando no consigue algo que quiere? Comienzo a llorar, a gritar, a patalear y me tiro al suelo. Eso es una rabieta, una forma inmadura de expresar mis enfados.
Aunque sea un momento de tensión para todos, las rabietas se consideran una parte normal, y necesarias de mi desarrollo entre 1 y 3 años. Tienden a desaparecer hacia los 4 años, con la aparición de un lenguaje más elaborado, aunque en algunos niños se puede prolongar hasta los 6.
¿Cómo podemos ayudar a Jimena?
El hecho de que sea normal no quiere decir que no debamos hacer nada. Podemos enseñarle a expresar su enfado de una manera socialmente más aceptada. A continuación os propongo algunas pautas que os pueden ser útiles para prevenir los berrinches:
- Debemos minimizar la cantidad de 'NOes' que decimos al día. Si todo es 'no', esta palabra al final pierde fuerza.
- Hay que seleccionar las batallas, distinguir qué es importante y qué es secundario.
- Las rabietas suelen aumentar cuando estoy cansada, hambrienta o enferma.
- Se me debe permitir que participe en algunas elecciones sencillas. Esto me ayudará a aprender poco a poco a aceptar lo que he elegido, aunque hay que tener en cuenta que a menudo en estas edades queremos las dos opciones o cambiamos de opinión.
- Cuando se produzca un cambio de actividad avisadme con cierta antelación. Por ejemplo: 'en cinco minutos recogemos los juguetes'. Le recordamos que el tiempo se va agotando. 'En un minuto recogemos', o 'es el último caramelo'.
- Cuando digas un 'NO', no hay marcha atrás. Los niños distinguimos perfectamente cuando es un 'no' rotundo, y cuando es un 'creo que no'. Con los primeros no suele haber rabietas. Por tanto intentad ser firmes.
- Los límites deben ser claros, coherentes y no deben cambiarse en función de nuestro estado de ánimo. Las normas dan seguridad y me indican hasta dónde puede llegar.
Los padres deben tener criterios comunes, y si en un momento dado uno de los padres no está de acuerdo con el otro, NUNCA debe desautorizarlo delante de mío.
¿Qué podemos hacer cuando ya han aparecido?
Lo más importante que podemos hacer para ayudar a Jimena es darle ejemplo de cómo actuar. Es habitual ver a un padre decirle a su hijo voz en grito o con un cachete que se calme. ¿Cómo se va a calmar el niño si su padre ha perdido el control? Os propongo alguna estrategia que os puede ayudar en estos momentos de tensión:
- Cuando mi comportamiento durante la rabieta es inofensivo debéis ignorarme, marchándonos si es preciso a otra habitación. Sin alterarnos me decís: 'mamá ha dicho que no, cuando te calmes podemos hablar'.
- No os preocupéis si cuando empezáis a ignorar una rabieta ésta aumenta, debéis de esperar y ser constantes para que empiece a disminuir.
- Cuando me calme se sigue actuando con normalidad, prestáis atención a mi buen comportamiento, no estamos media hora reprochándome mi mal comportamiento.
- Si me enfrento a uno de los padres, se le agarra de una pierna o intenta pegarle, es mejor retirarle de la estancia. 'A mamá no se le pega, te vas a tu habitación hasta que te calmes'.
- Si mi comportamiento supone un peligro para mí, es conveniente sujetarme y decirle con voz tranquila que cuando me calme me soltarás.
- No intentes razonar conmigo en el momento de explosión. Tendréis que esperar a que me calme para intentarlo.
Sé que no son situaciones sencillas, y que es más fácil decirlo que ponerlo en práctica. Pero si os manteneis firmes y sois coherentes las rabietas irán disminuyendo e iré aprendiendo poco a poco a mostrar mi enfado y desacuerdo de una manera más adecuada
0 comentarios a esta entrada:
Publicar un comentario
Mi blog se alimenta de tus comentarios