1 de julio de 2008

Al agua patos...


En la actualidad es muy frecuente el uso de las piscinas, no sólo en la época estival sino también a lo largo del año, cuando aprovechamos para apuntar a los pequeños a clases de natación. Para evitar disgustos innecesarios, deben tenerse en cuenta una serie de normas, sobre todo antes de llevar a un lactante a la piscina. Pautas sencillas pero eficaces para que zambullirse en el agua sólo implique diversión.

No se debería meter a los bebés en las piscinas hasta que no tengan un buen control de la cabeza, es decir, cuando puedan levantarla con facilidad hasta un ángulo de 90º. Antes de que tenga esta capacidad que consigue a los 4 ó 5 meses de edad, la cabeza puede caer accidentalmente dentro del agua.

Los bebés con afecciones crónicas, por ejemplo otitis frecuentes, deben tener permiso del pediatra antes de dejarle jugar en el agua. Los bebés con catarros u otras infecciones agudas deben evitar temporalmente las actividades acuáticas hasta que la recuperación sea completa.

Los bebés amantes del agua tienen más riesgo que aquellos que le tienen miedo. Por eso no se debe dejar nunca a un bebé solo cerca del borde de la piscina, incluso aunque haya asistido a clases de natación. Un ahogamiento puede ocurrir en menos tiempo de lo que parece e incluso puede suceder en muy poca cantidad de agua.
Dentro del agua cualquier actividad para bebés debe contar siempre con un adulto responsable por cada bebé.

Los bebés que tienen miedo del agua o que oponen resistencia a ser introducidos en ella no deben forzarse a participar en esos juegos.

El agua en la que juegan los bebés debe estar a una temperatura confortable, de 29º -31º. Los menores de 6 meses nunca deben meterse en el agua por debajo de estas temperaturas. La temperatura del ambiente debe estar al menos 1º 1/2 -2 º por encima de la del agua y el tiempo que pasen en la piscina no debe exceder los 30 minutos para evitar que le entren escalofríos.
Para reducir el riesgo de infección la piscina debe estar adecuadamente clorada.

Los bebés deben llevar pañales a prueba de agua con elásticos alrededor de las piernas, para que no haya problemas con posibles escapes. Teniendo en cuenta que la vejiga de los bebés es muy pequeña, la cantidad de orina que eliminan en una sola vez es de muy poca importancia y el cloro de la piscina puede contrarrestar los posibles gérmenes. Sin embargo, los que han pasado una diarrea deben asegurarse que ya están bien, antes de permitirles que se introduzcan en el agua por el posible riesgo de contaminación.

Nunca debe sumergirse en el agua la cabeza del bebé. Aunque instintivamente sostienen la respiración cuando están bajo el agua, pueden continuar tragando agua. La ingestión de grandes cantidades mientras juegan en el agua puede llegar a producir una intoxicación acuosa. Como los síntomas no aparecen hasta que han pasado varias horas, muchas veces no se relaciona con la estancia en el agua. Por eso es preferible tener mucha precaución.

Deben cumplirse todas las normas indicadas para bebés cuando están al sol en la piscina

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