15 de marzo de 2009

Relato de la Maratón


Ya han pasado dos semanas, y Papi está de nuevo "en ruta"-

Tras este diploma hay una historia, por no hacer esta entrada demasiado aburrida, si queréis conocerla, pinchad en Leer más...

Si no, sabed que éste es un logro no exclusivamente personal, sino familiar.


Los nervios hacen que me rebulla en la cama.
Como de costumbre, me cuesta conciliar el sueño la noche previa a la carrera.

Intento que los nervios no me atenacen, intento pensar en que el maldito episodio de “gripe estomacal” que me dejó para el arrastre el martes (ya es mala suerte...) no va a influir.

Antes de que suene mi llamada-despertador, ya estoy despierto.
Ring-ring
Me abalanzo sobre el auricular para que ni Mami ni Jimena se despierten.
Estoy un poco adormilado, por lo que no acierto a balbucear ni un sonido, por lo que, pasados cinco minutos me sorprende, ya en el baño de la habitación, de nuevo el Ring-ring.

Ay, ay, ay, ay, ¡ que se despiertan ¡
Mami desactiva el maligno mecanismo despertador contestando.

A corregir en la siguiente maratón, Mami lo aconseja:
PRECEPTIVO el tomar una siesta de al menos una hora el día previo.


Con la parsimonia y el ceremonial de los diestros antes de lidiar su corrida cumbre, me visto y me echo al hombro la mochila con todo lo necesario (que obviaré detallaros, por no resultar demasiado prolijo).

Mami me despide a oscuras, a pie de puerta, con un beso de buena suerte, no sin antes convenir dónde me darán el aliento final y me entregará a Jimena para rebasar juntos la línea de llegada.

Todos intuiréis el gran sacrificio de Mami al acompañarme a Barcelona, sobrellevar mis extraños horarios, soportar mis nervios y manías, en suma, soportarme a mí.

Aun así aprovecho estas líneas para darle las gracias.
Gracias, gran parte de lo que logre te lo mereces tú.

El hombre es un animal de costumbres, y cuando te enfrentas algo así no hay como tener una rutina y no desviarte de ella para mantener la confianza en que todo saldrá bien.
Así intentas hacer creer a tu cuerpo que lo que pasa es igual que lo que viene pasando todos los domingos cuando te despiertas a las 6 de la mañana para salir a correr.

Pero el cuerpo es muy sabio, y el bulle-bulle de tu cerebro hace que siempre andes con el presentimiento de que algo importante se avecina.

Chapeau por el Hotel, que, si bien no habilitó el comedor para pájaros madrugadores como yo, sí dispuso en el hall una cómoda zona para que los corredores desayunáramos.

No éramos muchos, tan solo un animado grupo de franceses y servidor.

Y como el desayunar debe ser sota, caballo y rey, me dedico un desayuno no muy pesado pero bien potente.

Leche con Cola-cao, sin azúcar
Cereales
Plátano
Kiwi
Chocolate negro al 85%
Barrita energética

A corregir en la siguiente maratón:
PRECEPTIVO que mami me prepare un bizcocho de chocolate negro con nueces para desayunar (qué envidia ver a los franceses disfrutar de su gateau casero...)



Leo distraídamente la prensa diaria mientras tomo un té rojo y veo que el pronóstico meteorológico es favorable al evento.
Se anuncia una temperatura tirando a baja, nubes y posibles lluvias.

Perfecto para correr.

El día D ha llegado.
Me voy de turismo por Barcelona.

Aunque estamos alojados relativamente cerca de la salida, prefiero llegar en metro.
Y, cómo no, algún contratiempo tenía que surgir...
La moneda que llevo no es aceptada por la máquina expendedora de billetes.
Pruebo una y otra vez, parecía que estaba en una tragaperras...

Desisto, no la acepta.
¿Qué hacer?

Pues veo en los tornos de acceso uno de ellos ligeramente entreabierto.
Miro a derecha y a izquierda y aprovecho que me he quitado la barriga para escabullirme como un gato y colarme flagrantemente en la red de metro...no está bien, pero a esa hora no había a quien reclamar.

En el vagón me doy cuenta de que los corredores resultamos ser rara avis.
Los recalcitrantes seguidores del sábado noche nos miran extrañados...

No son ni las 7 de la mañana y Plaza España es un melting-pot, lo que conocemos como un hervidero o un crisol de culturas.

Es tan distinto al ambiente del primer maratón que corrí...
Veo corredores de muchos países, pero por encima de todos ellos sobresalen los franceses e italianos. También hay muchos ingleses y alemanes, además de unos cuantos chinos, japoneses, algún marroquí y, por supuesto, keniatas.

La marea humana se hace más y más grande y llega a ocupar gran parte de la Avenida María Cristina. La organización ha dispuesto a los corredores en grupos distintos en función de los registros que prevén conseguir. También ha contratado a liebres, atletas provistos de globos rotulados con el tiempo determinando en el que acabarán la carrera.

Cálculos previos

Me corrijo: esta vez correré en grupo.
Mi idea, sensata, es unirme al grupo de 4h.
Si no me descuelgo, intentaré bajar de las cuatro horas.

Qué nervios, el pistoletazo de salida se avecina y por megafonía no llego a escuchar las instrucciones que dan en varios idiomas (estoy en mi mundo, escuchando música).

Doy saltitos, me palmeteo los muslos, repaso los cordones y las lengüetas de mis zapatillas...

De repente, ¡ PUM ¡
Suena de fondo Barcelona. Interpretada por Caballé y Mercury y, hasta que paso por la línea de salida transcurren casi cuatro minutos, imaginad cuánta gente.

Nos acompaña en los primeros compases una ligera llovizna que se agradece.
Consejo, cuidado con los resbalones, hay que evitar las marcas viales del pavimento y correr por la zona gris de asfalto.

Las sensaciones son agradables, el ir tras de las liebres te permite refrenar un entusiasmo “suicida” que podría pasar factura al final.

Me olvido de parciales, ritmo y tiempos de paso.
Me olvido de los punto kilométricos.
Me dedico simplemente a disfrutar de la carrera.

Es un gustazo ver a todos los corredores y a un público, que pese a la temprana hora, es muy numeroso.
Escucho palabras de ánimo en muchos idiomas, y aplausos, que es un lenguaje común.


Devoramos despreocupadamente kilómetros, rebasamos el Camp Nou ya no llueve y me tomo la carrera como una visita turística, pero un poco más rápida.

Me emociona especialmente pasar por la Sagrada Familia.

Rebasamos la media conforme al ritmo adecuado. 2h 02min. Me siento fresco.
Bajar de las cuatro horas parece al alcance de la mano, pero mejor no adelantar acontecimientos.

(Puedo comprobar que conseguí parciales de 28min cada 5 km hasta el kilómetro 30)

Me mantengo con el grupo de las liebres. Mis zancadas me llevan un ritmo de crucero tal que me permite ir integrado en su grupo.

Procuro no pensar en la carrera. Alejar los pensamientos negativos y centrarme en una especie de vacío que no me agote psicológicamente.

Ya sabéis la máxima:
Una carrera empieza en el momento en el que te olvidas que estás corriendo

Me siento parte de un todo gigantesco, un ejercito de mil colores que se apodera de las calles de Barcelona que no busca otro objetivo que llegar a la meta para adquirir o reafirmar su condición de maratoniano.

Y esa es condición que no se regala, hay que ganársela a base de mucho esfuerzo y sudores y, si se da el caso, hasta lágrimas y sangre. Y no es una frase hecha, os lo aseguro.

Transcendiendo el esfuerzo y el cansancio, un maratón siempre puede mirarse desde la perspectiva de las cifras.

Casi 10.000 participantes, nueve puntos de avituallamiento (siete más con esponjas), 24 puntos de animación (percusionistas, batucadas que marcan ritmos...), 1.300 voluntarios, 400 agentes de la guardia urbana, 6.000 platos de pasta, 8.500 kilos de fruta, 159.000 botellas de agua, 100.000 vasos de powerade, 50 monumentos de interés a lo largo del recorrido y, cómo no, los inevitables 42.195 metros a batir para sentirte un campeón.


Nos plantamos en el km 30 y, tras superar un repecho, frente a mí, el Mediterráneo.
(No puedo evitar recordar la paella que nos tomamos todos ayer en el Chiringuito de Escriba, justo en esta Playa de Bogatell...soy un tripero, lo sé.)

Correr al lado del mar es sensacional, hace que te sientas fenomenal, pero no puedo evitar pensar en lo cerca que está el muro, del que ya os he hablado.
Me empieza a costar esfuerzo mantenerme en el grupo, pero me sigo integrado.

Comenzamos a “recoger cadáveres”, todos esos corredores que van andando o los que abandonan.
No se me pasa por la cabeza ni siquiera plantearme tales opciones.

He intentado ignorarlos, pero unos leves pinchacitos en la parte trasera del muslo izquierdo me venían anunciando, hace ya algún kilómetro, un fatídico acontecimiento.

¡ Maldita sea !
Mismo punto kilométrico, el 35.
Misma pierna, la izquierda.
Mismo calambre....

Me paro es seco, entre asustado y enfadado.
¿Pero por qué otra vez?

Ya intuyo que me será imposible bajar de las 4 horas.
Conforme las asistencias de la Cruz Roja me dan una friega de trombocid, veo como el grupo de las liebres se marcha y con ellas mi ilusión de batir marca.

Pero así es la vida.
Se aprende de los errores.

A corregir en la siguiente maratón:
PRECEPTIVO: complementar con aporte extra de sales minerales la bebida del día previo.

Me replanteo la estrategia.
Debo correr, siempre.
Esta vez no andaré. Debo correr, toda la distancia, y dignamente.

Disminuyo mi ritmo:
Del 30 al 35 en 31:19
Del 35 al 40 en 33:30
Del 40 a meta en 13:52


Nota triste: antes de llegar al Arco de triunfo veo una ambulancia al lado izquierdo de la acera.
Un corredor yace sobre el suelo y varios sanitarios de la Cruz Roja y el 061 le están realizando reanimación cardio-pulmonar.
Me dejó preocupado, pero pensé que con toda la asistencia saldría adelante.

El lunes leí su nombre, Colin Dunne, irlandés con 27 años de edad.
Falleció a causa de una crisis cardiovascular.

Me quedé tocado...


Pasado el Arco de Triunfo, el que fue meta en mi primera media en el 36, el calambre vuelve a aparecer.

Estiramientos y nuevas friegas para mitigarlo.

Enfilo las Ramblas, a rebosar de vida con un público entusiasta que las puebla y que dedica aplausos a todos los corredores, sin excepción.

Ya veo aparecer la estatua de Colón (km 39). Me queda muy poquito.


Es el momento de tirar de pensamientos positivos, de pensar en Susana y en Jimena, esperándome en meta.
Se me pone la carne de gallina. Tranquilo. Sosiégate y mantén ritmo y respiración.

Es increíble la calidad humana de todos los espectadores que jalonan ambos lados de la calle, insuflándote ánimos, diciendo que ya ha pasado lo peor, que ya está hecho, que no queda nada, que eres un campeón, y sin conocerte.
O quizá sí te conozcan, nos conocen a todos, saben de qué pasta estamos hecho y nos dan reconocimiento.

Muy bien, nada me ha impedido llegar a Plaza de España, comienzo a pegarme a la parte derecha del vallado, como habíamos convenido, para buscar a mis chicas.
Y las busco, escudriño entre el público....

¡Por fin os veo!. Os he echado mucho de menos, creedme.

Flanqueo las torres de Plaza España, me dirijo a la Avenida María Cristina, Jimena en mis brazos, Susana en mi cabeza y las fuentes de Montjuic de telón de fondo.
Es todo un escenario para una obra con final feliz.

Te alzo con las fuerzas que me quedan, cierro los ojos ,te doy un beso y lanzo otro al aire para Mami.

Cruzamos la línea de meta.

4h 07min 02seg

Gracias nenas.

Bueno, ¿y ahora qué, os preguntaréis?
No sé, a Dios gracias sigo corriendo.

Ya veréis como antes de verano me habré marcado un nuevo objetivo y un nuevo reto a batir...

0 comentarios a esta entrada:

Publicar un comentario

Mi blog se alimenta de tus comentarios