18 de febrero de 2009

¿Qué hay al otro lado?

A papi le gusta merodear por los aledaños del muro, al menos una vez, antes de la maratón.


¿Qué muro?, os preguntaréis.
¿Es alguna tapia que hay cerca de vuestra casa?
No, os explico:

Cuando ya se llevan corridos entre 30 y 35 kilómetros de una maratón, se podría decir que el cuerpo llega al punto máximo de fatiga física.


Ése es el momento en el que ya se ha gastado la mayor parte de los depósitos energéticos (glucógeno), y donde el cuerpo tiene que buscar “fuentes de energía alternativas” y empieza a quemar sus propias reservas de grasa, que resulta ser una “gasolina” de peor calidad, con menos octanos, que el glucógeno creado por la transformación de los hidratos de carbono (legumbres, pasta, arroz, patatas).

Cuando el cuerpo empieza a tirar de la grasa propia, ahí comienza la producción del ácido láctico (el residuo de esa “combustión”) que es veneno para los músculos.


Llegado ese momento se necesita una “reserva” psicológica (imágenes evocadoras, pensamientos positivos, canciones preferidas....) para soportar una exigencia que debilitaría a cualquiera.

Es una experiencia que casi todos los maratonistas viven, al menos en su primera maratón:

Todo iba bien en los dos primeros tercios; hasta que después llegó sin avisar el hombre con el mazo.”


El muro de los 30 kilómetros

Correr contra la pared”, como es conocido por muchos deportistas, conlleva un cansancio que raya en lo dramático.
La razón es que las reservas de glucógeno se agotan, por que los hidratos de carbono se consumen rápidamente.

El corazón va bien, la respiración es acompasasa, pero la sensación es de que no dás para más, de que te has quedado sin gasolina...


Podríais sugerir, pues se llena más el depósito del coche y listo, ¿no?.


Pues no, el “depósito”, desgraciadamente, tiene una capacidad limitada: los corredores solo pueden almacenar aproximadamente 2.000 kilocalorías en su cuerpo. Y eso da tan sólo para 30 kilómetros...

Las 1.000 ó 1.500 calorías de más que el cuerpo va a consumir en los 12,195m restantes, tendrá que sacarlas de dónde sea.


Y ahí entra en juego la máxima de La mente sobre el cuerpo.
Y no es una frase tópica.


La preparación psicológica que uno ha tenido durante el entrenamiento, que no todo es correr como pollo sin cabeza, es un factor clave para poder seguir después de estos 30 kilómetros.


Existe una gran variedad de técnicas psicológicas deportivas, que son de gran ayuda sin duda, en el momento en que viene el decaimiento o se pierde el nivel de concentración.
Con estas técnicas se refuerza el nivel de confianza en uno mismo; sobre todo en la preparación realizada y en mirar las posibilidades que tenemos de conseguir el objetivo final.


Papá tiene varias

  • La clásica “El burro y la zanahoria” (pensar en el nuestro desayuno familiar con croissant y churros a su regreso del entreno del fin de semana o en un estupendo plato de pasta “al dente”.)
  • La sufrida “El emigrante que regresa” (aguantando hasta el punto medio de su trayecto, vaciando su mente y pensando tan solo a partir de ese punto en volver a casa para reunirse con nosotras.)
  • La aventurera "El intrépido explorador" (adentrarse por sendas o caminos nuevos y estar deseando regresar para contar lo que ha visto.)

Es normal que si alguno de vosotros está pensando en correr los 42,195 kilómetros os asalten dudas como:

  • ¿lograré llegar a la meta?
  • ¿estoy lo suficientemente fuerte?
  • ¿ha sido mi entrenamiento el adecuado?
  • ¿hay posibilidades de que mi corazón falle?
  • ¿batiré mi propia marca?
  • ¿lograré ir más allá del kilómetro 30?
  • ¿llegaré a tiempo al arroz reservado para las 14:00 hrs?

No os preocupéis más: estos interrogantes han asaltado alguna vez a todo el mundo que ha corrido un maratón.
No son indicio de debilidad, sino todo lo contrario, son indicativos de sensatez.

Lo importante es que uno quiera ser un campeón venciendo sus propios límites.


Si Dios quiere, el 1 de marzo estaremos todas en Barcelona animando a Papi, a ver si en menos de 4 horitas se lo despacha...

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