26 de septiembre de 2008

Esa dichosa manía de abrigarnos...


Vienen a mi recuerdo, ahora que el verano ya terminó, como con esos termómetros marcando más de 30 grados a la sombra y más de 35 al sol, ví con estos ojitos como estuvieron a punto de acabar incinerados varios bebés de un par de meses que eran paseados dentro un cuco, sin recibir ni media ráfaga de aire, vestidos de la cabeza a los pies y arropado por una toquilla de lana.

Y yo con mi vestidito de tirantes y descalcita pensando que los iban a estofar en su salsa.

La verdad es que ya ni me sorprendo cuando veo escenas semejantes. Ya he perdido la cuenta de las veces que he visto a un bebé arropado en exceso y he pensado que parece que os padres estén críando pollos en lugar de bebés.

Ah, eso sí, la madre con un top de tirantes, falda corta y thongs y el padre con camiseta, bermudas y chanclas...

Arropar a un bebé es un gesto de amor
y protección al que todos los padres os sentís inclinados, pero tenéis que controlaros.

Ya en los cursos de preparación al parto os contaban que el bebé debe llevar la misma ropa que vosotros.

Pero no siempre es fácil...las dos bienintencionadas abuelas siempre han recomendado abrigarme más de lo que yo he creído conveniente.

Ese dicho atavico de que los bebés son como la masa, calentitos no es de aplicación en agosto con 40º...


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