
Diversas investigaciones han demostrado que la música tiene una beneficiosa influencia en el cerebro del bebé. Estimula nuestro desarrollo intelectual y creativo, además de ayudar a calmarnos y a dormir más tranquilos.
Además, un nuevo estudio afirma que a los cinco meses los bebés ya tenemos muy buen oído para la música clásica y podemos distinguir entre piezas alegres o tristes.
Investigadores de la Brigham Young University (Estados Unidos) encontraron que, aunque fueran todavía muy pequeños para hablar, 96 niños de entre 3 y 9 meses reaccionaban diferente a una melodía alegre como la Novena Sinfonía de Beethoven que a una melodía triste o melancólica como la Séptima Sinfonía del mismo autor.
Las melodías alegres consistían en piezas en tonos mayores con frases cortas o estructuras que se repetían con tiempos y melodías más rápidas, mientras que las tristes eran en tonos menores y melodías más pausadas.
Desde luego, los niños no dejamos de asombraros.
Este tipo de estudios no hacen más que confirmar el gran poder de comunicación emocional que tenemos los bebés, que incluso antes de comunicarnos con palabras somos capaces de procesar información relacionada con los estados de ánimo.
Como no somos capaces de decirlo con palabras, nuestras expresiones faciales y las conductas corporales son las que han permitido evaluar las conclusiones del estudio, lo cual indica la importancia que debéis darle al lenguaje gestual de vuestro bebé para llegar a comprender mejor sus emociones.
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