
Hay ciertas cosas que tiene el papel que por mucho que avancen las nuevas tecnologías no van a conseguir igualar. El tacto de sus hojas, ese olor inconfundible o que cada ejemplar es único e inimitable lo hacen imprescindible.
Todavía (o eso creo) en los bytes no se pueden guardar ciertos recuerdos, emociones o trozos de vida que sólo son analógicos. Cosa que un notepad de toda la vida sí puede. Y si no, basta con echar un vistazo a la Moleskine de Anna Rusakova.
Una verdadera delicia que, desgraciadamente, no podremos tener en nuestras manos, pero que con ayuda de los bytes podremos admirar virtualmente.
Eso sí, nada impide a cada uno de nosotros crearnos el nuestro propio…
Mami, recuerda que tú también tienes una Moleskine de periodista que papi te regaló...
0 comentarios a esta entrada:
Publicar un comentario
Mi blog se alimenta de tus comentarios