
Ignaz Phillipp Semmelweis, llamado "el salvador de las madres", apenas es recordado por alguien que no sea profesional de la medicina. Y es una pena.
Su historia es terrible y fascinante.
Nació en Hungría en en 1818 y mediado el siglo comenzó sus prácticas como obstetra en el hospital general de Viena, Austria.
Os pego algunos fragmentos del resumen muy simplificado que hace la Wikipedia de su vida:

Consiguió disminuir drásticamente la tasa de mortalidad por sepsis puerperal (o fiebre puerperal) entre las mujeres que daban a luz en su hospital mediante la recomendación a los obstetras de que se lavaran las manos antes de atender los partos. La comunidad científica de su época lo denostó y acabó falleciendo a los 47 años en un asilo, a causa de la infección que el mismo se provocó cortándose con un escalpelo contaminado, para demostrar su teoría. Algunos años después Luis Pasteur publicaría la hipótesis microbiana y Joseph Lister extendería la práctica quirúrgica higiénica al resto de especialidades médicas. Actualmente es considerado una de las figuras médicas pioneras en antisepsia y prevención de la infección nosocomial.
Un buen número de expertos sostienen que padeció un alzheimer prematuro.
Parece ser que Semmelweis se percató de la necesidad de higiene al observar que las madres atendidas por los médicos tenían una tasa de mortalidad diez veces mayor que las asistidas por comadronas.
De esta manera concluyó que la diferencia radicaba en que las comadronas y parteras tomaban la precaución de lavarse cuidadosamente las manos.
Cuando Semmelweis insistió al resto de médicos en la necesidad de lavarse las manos con agua clorada antes de entrar en la sala de partos fue atacado y marginado por casi todos sus colegas, empezando por el doctor Klein, su superior en el hospital vienés.
Muchos consideraban una afrenta tener que reconocer que podían aprender de simples parteras, otros no quería asumir que efectivamente era culpa suya la muerte de tantas mujeres...

El doctor Klein no está de acuerdo con las conclusiones de Semmelweis: sus propias teorías acerca del problema van desde la brusquedad de los estudiantes a la hora de realizar los exámenes vaginales hasta el hecho de que la mayor parte de ellos sean extranjeros (procedentes de Hungría, sobre todo).
De hecho Klein llega a expulsar a 22 de sus estudiantes, quedándose tan sólo con 20, pero esto no mejora la situación entre las mujeres que acuden a la clínica para dar a luz. Se conservan algunas cartas de esta época de Semmelweis a su amigo Markusovsky:
"No puedo dormir ya. El desesperante sonido de la campanilla que precede al sacerdote portador del viático, ha penetrado para siempre en la paz de mi alma. Todos los horrores, de los que diariamente soy impotente testigo, me hacen la vida imposible. No puedo permanecer en la situación actual, donde todo es oscuro, donde lo único categórico es el número de muertos".
En octubre de 1846 decide instalar un lavabo (el de la foto) a la entrada de la sala de partos y obliga a los estudiantes a lavarse las manos antes de examinar a las embarazadas. El doctor Klein se niega a aceptar esta medida y el día 20 de ese mes despide intempestivamente a su ayudante.

Pero al final la teoría de Semmelweis se impuso, aunque él no pudiera disfrutar de ese éxito, de saber que se le conoce como "el salvador de las madres", ni de las muchas calles, sellos, estatuas e incluso centros médicos que hoy llevan su nombre.
Creo que también se merece que las madres sepáis quién fue.
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