
Las madres trabajadoras, llevadas no sé si por un instinto o por una costumbre establecida (hasta tal punto que resulta cómico si se reflexiona sobre el asunto), visitan en un peregrinaje ritual, su lugar de trabajo con su bebé.
Es como un bautismo ineludible para las madres recientes trabajadoras, un rito iniciatico.
Puede que la mitad de los bebés que conozcais no hayan sido bautizados en la pila, pero todos, absolutamente todos, habran seguro pasado antes o después por la empresa de su madre.
Normalmente es siempre igual, la pauta está marcada:
llegarás con tu bebé, quien se podrá portar mejor o peor dependiendo de cómo sea y cómo le siente tanta atención, recorreras las zonas de la empresa por las que te sueles mover, tus compañeros más allegados y tus jefes, sean hombres o mujeres, te preguntarán amablemente qué tal va todo y le harán alguna cucamona al peque, y muchas compañeras mujeres, algunas con las que tenías escasa relación, se te acercaran entusiasmadas a veros y a hablar contigo.
Nada nuevo bajo el sol.
Si lo haces, que sea sintiéndote orgullosa de ser mujer y madre, como diciendo a la empresa: "¿os pensabais acaso que mi mundo era exclusivamente este trabajo? Pues no, tengo una vida plena, que trasciende este ámbito, no como algunos, que parece no tengáis más que esta actividad".
De paso , guardarán un buen recuerdo, ya que se habrán podido escaquear unos minutos, comer un pastel y brindar con una copita de cava.
En mi caso, creo que la visita no me divirtió demasiado...alguna que otra risilla de calentamiento, rotación por varios regazos y como colofón, un recital de lloros desconsolados (acompañados de congestión y vertidos).
Debe ser que quería mostrar mi descontento a las "brujillas" que me raptarán a mami muy pronto...Besos a las "brujillas" de Pedrola
P.S. En mi casita y en la calle soy más animada y risueña. Tenéis que verme en acción.
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